El incómodo vínculo entre Ex-Ante y empresa involucrada en el caso Procultura

Foto del avatarMiguel YañezPortada, OpiniónHace 1 años3.5K Vistas

Por Miguel Ángel Yáñez, abogado de DD.HH y cofundador de Contrapoder Chile

A veces las noticias más importantes no están en los titulares, sino en los silencios. El caso Procultura es un buen ejemplo: un proyecto social que terminó en fiasco, millones de pesos en juego y un seguro que nunca respondió como debía. Y, en medio de esa trama, un medio digital que publica artículos

En 2023 el Gobierno Regional Metropolitano puso fin al programa Quédate, ejecutado por ProCultura. No fue un capricho: la fundación no cumplió con lo pactado. Y como se trataba de plata pública, la ley obliga a respaldar esos recursos con pólizas de caución.

La aseguradora ASPOR debía responder. Pero en vez de pagar, se defendió. La Comisión para el Mercado Financiero la sancionó con una multa de 1.000 UF por no cumplir con la obligación de “primer requerimiento”. Dicho en simple: cuando el Estado pide la garantía, la aseguradora tiene que pagar de inmediato. ASPOR, en cambio, interpuso recursos y logró congelar el cobro en tribunales.

El gobernador Claudio Orrego salió a exigir que devuelvan los fondos. El Consejo de Defensa del Estado se sumó. Y los contribuyentes seguimos esperando que la plata vuelva.

Hasta aquí, todo parece un caso clásico de irregularidades en el uso de fondos públicos. Pero apareció un dato incómodo revelado por el medio En Estrado: Alfonso Peró el subdirector de Ex-Ante, uno de los medios más influyentes del país, es hijo del director de ASPOR, Alfonso Peró Costabal.

De pronto, un medio que suele marcar la agenda comenzó a publicar notas críticas contra el Gobierno Regional, algunas sin firma, otras con un tono insistente, ¿Coincidencia? Puede ser, ¿Un conflicto de interés no declarado? Esa es la pregunta que incomoda.

No tenemos pruebas de que haya una orden editorial para blindar a ASPOR. Lo que sí sabemos es que Ex-Ante no ha transparentado ese vínculo familiar, y ese silencio pone en disyuntiva la credibilidad de sus artículos referentes a este tema.

El periodismo puede tener sesgos, todos los medios los tienen. Pero lo que no puede hacer es ocultar relaciones que afectan su independencia. La confianza se quiebra cuando quienes informan tienen intereses cruzados que no se dicen abiertamente.

El caso Procultura revela algo más profundo: cómo se cruzan empresas, política y medios en Chile. No es solo la historia de una fundación que fracasó o de una aseguradora que no quiere pagar. Es la historia de cómo un medio influyente guarda silencio donde debería hablar.

ASPOR debe responder ante la justicia. ProCultura debe rendir cuentas por sus incumplimientos. El Gobierno Regional debe explicar su fiscalización. Y Ex-Ante debe aclarar a sus lectores sobre un nexo familiar que no es menor.

Porque el periodismo no solo se mide por lo que publica, sino también por lo que decide omitir.

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