
Por Julián Castillo González, Lic en Trabajo Social de la Universidad de Tarapacá y Mg (c) en Políticas Públicas, presidente del Centro de Estudios Conciencia y Síntesis y habitante de Arica
Así como lo dice el titular de esta columna, pareciera que el ala más gremialista de la derecha, representada por José Antonio Kast, ha recurrido a la figura de Dante Torobolino, más conocido como “El Maguito” de 31 minutos, donde entre la charlatanería y el tongo -en desmedro de la sensibilidad de la población chilena- se pretende hacer creer que el norte de nuestro país vive una crisis migratoria sin precedentes.
Según relatos de los mismos habitantes de Arica en redes sociales, esta es una corriente regular que se da en épocas de fin de año, lo cual ha sido ratificado por el alcalde de la ciudad, Orlando Vargas Pizarro, con el respaldo de la concejala Dolores Cautivo, quienes revelaron: “Crisis humanitaria que no está presente; si se dan cuenta, hay no más de 20 personas, y es lo que yo he dicho en mis declaraciones, tanto a los canales de televisión internacionales -Caracol, France 24, Panamericana- como también a los canales chilenos. Hemos dicho sensatamente que no hay crisis, que el flujo es normal”.
Agregando: “Yo lamento que los medios nacionales hayan construido una realidad para ser noticia; no sabemos con qué fines, porque la verdad es que aquí no ha habido ninguna crisis, lo que ha existido es un flujo natural todos los días”.
Por otro lado, el gobernador regional de Arica y Parinacota, Diego Paco Mamani, indica que el “descontrol es absoluto”. A ello se suma la llegada del senador electo por La Araucanía, Rodolfo Carter, quien viajó, según sus palabras, para “representar” la figura de José Antonio Kast. Finalmente, el candidato presidencial de Republicanos compartió a través de la plataforma X una imagen del año 2019, ignorando que corresponde al registro de migrantes venezolanos ingresando por Ecuador.
Este tipo de patrañas fue contraargumentado por el alcalde de La Yarada Los Palos (Perú), Samuel Cueva, quien señaló que el mismo presidente de su país se había prestado de las calumnias del candidato de ultraderecha sin ver previamente la evidencia registrada en el control fronterizo de Santa Rosa, Perú. Estas dinámicas entre distintos países pueden ser contraproducentes, ya que priorizan la figura que “más hace ruido” en lugar de realizar diálogos diplomáticos que busquen solucionar un fenómeno tan delicado como la migración irregular, sobre todo cuando se utilizan con fines electorales a solo dos semanas de la segunda vuelta presidencial.
Esta capacidad de los conservadores entre la pedantería y charlataneria profesional los ha colocado en la pole position de la política institucional, un espacio donde la razón ya no manda, las estadísticas y el tecnicismo quedan en segundo plano, y hasta se genera suspicacia en la población respecto a un plan de expulsión de 300.000 migrantes en un año, sin que el candidato republicano explique cómo lo hará. A este tipo de situaciones nos enfrentamos: aunque la inseguridad en concreto ha disminuido progresivamente, el pánico, la desconfianza y lo mediático pavimentan el camino hacia la disputa por la institucionalidad, aunque eso signifique hacer el show -o el ridículo- como lo hace “El Maguito”, representado en candidatos electos como Rodolfo Carter, José Carlos Meza, Chiara Barchiesi, Paz Carpentier y el mismo candidato republicano.
Como menciona el expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador: “Ser gobierno es tener responsabilidad social, garantizar bienestar y felicidad a cada uno de los que habitan en el país”. No se trata de crear mano dura, ni de levantar trincheras invisibles con los estados vecinos como una especie de cárcel, diciéndoles a las personas que son “demasiado libres” como para resolver solas sus problemas, sin ayuda del Estado. Tenemos el ejemplo del país vecino, Argentina, donde Javier Milei expresó que no ayudaría a las personas con discapacidad porque, según él, eran libres y, en consecuencia, debían resolver su situación.
¿Este tipo de relatos y políticas son los que queremos para gestionar y administrar nuestro país? Debemos recuperar la capacidad de conectar con la emoción y el ímpetu que tanto destacaba la izquierda y la centroizquierda para llegar a la gente, a las personas de a pie, a quienes se levantan a las seis de la mañana para tomar el metro o arreglar a sus hijos para llevarlos a tiempo al colegio, y que hoy ven en el relato conservador una coincidencia con sus molestias y necesidades, aunque esa narrativa carezca por completo de contenido. Estamos a tiempo de contrarrestar esto, si hemos aprendido que no bastan únicamente las estadísticas frente a las pantallas de quienes habitan este país.