
Por Miguel Ángel Yáñez, abogado de DD.HH y cofundador de Contrapoder Chile
El pasado lunes, mientras un periodista explicaba los detalles del traslado a un hospital del exfrentista Mauricio Hernández Norambuena —conocido como “Comandante Ramiro”—, la periodista Karina Álvarez interrumpió la transmisión de CHV Noticias para lanzar una afirmación tan temeraria como irresponsable: “Ramiro se fugó, hay un helicóptero buscándolo”. Todo esto, sin fuente alguna, sin verificación, sin contraste, sin ética.
En minutos, la “mentira” se viralizó. “Escape”, “huida”, “búsqueda aérea”, fueron los términos usados por redes y medios digitales, generando alarma pública y desinformación masiva. Al poco rato, Gendarmería desmentía: se trataba de un traslado programado y autorizado por la autoridad judicial. Pero el daño ya estaba hecho. Y el rol de la prensa nuevamente quedó bajo sospecha.
Este episodio no es anecdótico. Es sistemático. Es parte de un patrón: cuando se trata de sectores populares, movimientos sociales, exmilitantes revolucionarios o migrantes, los medios de comunicación tradicionales —especialmente televisivos— no dudan en aplicar el sensacionalismo, la criminalización, el morbo y la mentira, con tal de elevar el rating y defender una agenda.
Pero cuando el involucrado es un empresario evasor, un abogado del poder como Hermosilla, un político co un juez corrupto , la cobertura es tímida, aséptica o simplemente inexistente. El caso del sicario liberado por “error” desde Santiago Uno (con presuntos vínculos al Tren de Aragua), apenas duró en pantalla 24 horas. ¿Dónde estaban los helicópteros? ¿Dónde el “escándalo nacional”?
Lo cierto es que la prensa dominante en Chile no es libre ni plural. Es un negocio, controlado por grupos económicos, que actúa como correa de transmisión de los intereses del capital. Y como tal, tergiversa, invisibiliza o distorsiona los hechos según quién esté en el banquillo: si es el pueblo, caen con todo; si es la élite, se guarda silencio.
En este contexto, el rol de los medios se vuelve decisivo para la salud o la ruina de la democracia. Porque una verdadera democracia no se sostiene solo con votos, sino con información veraz, contrastada, rigurosa y objetiva. Sin eso, la ciudadanía queda a merced de rumores, operaciones comunicacionales y noticias falsas disfrazadas de última hora.
En tiempos donde crece el autoritarismo, donde el poder económico compra impunidad y donde los medios tradicionales funcionan como escudos de la corrupción, urge recuperar el periodismo como un ejercicio de verdad, no de espectáculo. Y por eso, medios populares, independientes y comprometidos son más necesarios que nunca.