
Por Lily Zúñiga, periodista, escritora y exjefa de prensa de la UDI
Durante su campaña presidencial y proceso de transición hacia el poder, el Presidente electo José Antonio Kast instaló una promesa central para su administración, la que estaría basada en la excelencia, el mérito y el orden.
El mensaje buscaba diferenciarse de gobiernos anteriores, presentando la futura gestión como un equipo cuidadosamente seleccionado, capaz de evitar improvisaciones y costos políticos tempranos.
Bajo ese marco, las sucesivas postergaciones en el anuncio de subsecretarios y, delegados fueron explicadas como parte de un proceso exhaustivo de revisión de antecedentes. Antes que rapidez, el nuevo gobierno privilegiaría la prolijidad en la conformación de su segunda línea.
Sin embargo, una vez conocidos los nombramientos, comenzaron a surgir cuestionamientos que tensionaron el relato. El caso de Karlfranz Koehler, futuro subsecretario de Economía, reactivó su fallido nombramiento en el SERNAC en 2010, durante la primera administración de Sebastián Piñera. Episodio que impidió su asunción por no cumplir con la experiencia laboral requerida (5 años).
Incluso, al revisar la carrera profesional de Koehler, es posible constatar que no cuenta con trayectoria en el servicio público, puesto que, trabajó para Larraín Rencoret & Urzúa, Socio, asesor de la Fundación Jaime Guzmán, y en Dentons Larraín Rencoret desde el año 2019 a la fecha.
Aunque el oficialismo sostuvo que se trató de un tecnicismo superado por su posterior trayectoria profesional, la controversia abrió dudas sobre la eficacia real de los filtros anunciados.
El debate se amplificó al observar el diseño general del equipo económico. Parlamentarios de oposición han advertido que la dupla compuesta por Jorge Quiroz en Hacienda y Koehler en Economía podría derivar en un conflicto de interés estructural, considerando que ambos provienen del mundo corporativo y ahora deberán supervisar mercados y resguardar la libre competencia.
Además, ambos comparten un diagnóstico económico similar, centrado en la existencia de una “asfixia regulatoria” que, a su juicio, limita el crecimiento del país. Es por esto que Quiroz, a quien algunos sectores han denominado como el principal articulador económico del futuro gobierno, tendría amplia influencia en la conformación de la segunda línea ministerial, situando a Koehler como un actor clave para implementar una agenda de desregulación económica.
Desde el entorno del Presidente electo se argumenta que precisamente esa experiencia privada constituye una fortaleza, al permitir comprender el funcionamiento real de los mercados y reducir trabas burocráticas. Pero, se entiende que dicha defensa debería elevar simultáneamente las exigencias en materia de transparencia y prevención de eventuales conflictos de interés.
Es así como la excelencia prometida terminó coincidiendo principalmente con afinidades técnicas, ideológicas o redes de confianza. El filtro dejó de verse como un mecanismo neutral y pasó a ser interpretado como una definición política previa.
A pocas semanas del inicio del nuevo gobierno, el estándar anunciado enfrenta su primera evaluación pública, porque más allá de las capacidades profesionales de las autoridades designadas, la interrogante que permanece abierta es si los filtros prometidos fueron realmente un resguardo para evitar controversias, o simplemente una herramienta para justificar decisiones ya adoptadas.