Cómo destinar la compensación tributaria por exención de contribuciones a un subsidio de arriendo para dos mil familias en Ñuñoa

Foto del avatarContrapoder ChileOpinión, PortadaHace 2 meses556 Vistas

Por Andrés Argandoña, concejal de Ñuñoa

Envié un oficio al alcalde Sichel proponiendo algo concreto: que los cerca de $2.452 millones de pesos anuales que recibirá Ñuñoa como compensación por la exención de contribuciones a adultos mayores se destinen a fortalecer un subsidio municipal de arriendo y gastos comunes, focalizado en las familias que más lo necesitan. A modo de ejemplo, con un monto de referencia de $100 mil pesos mensuales por hogar, esos recursos podrían alcanzar para beneficiar a cerca de 2 mil familias de Ñuñoa durante un año completo. Esa es la propuesta.

En mayo, junto a otros concejales y consejeros del distrito 10, planteamos una idea que entonces era todavía hipotética: si el gobierno insistía en eliminar las contribuciones para los adultos mayores de mayores ingresos, los recursos que dejaran de percibir los municipios no debían diluirse en el presupuesto general, sino canalizarse hacia un fondo local que aliviara los costos de la vivienda, con temporalidad y progresividad como criterios de diseño. En ese momento no existía aún un mecanismo de compensación concreto.

Hoy esa cifra existe. El proyecto de Reconstrucción Nacional, que ya despachó la Cámara y se resuelve en estas semanas en el Senado, definió que la compensación a los municipios se hará según lo que cada uno de ellos deje de recaudar por la exención a los mayores de 65 años, distribuida por la Tesorería General de la República. Vale la pena recordar de qué exención estamos hablando: el 75 por ciento de los adultos mayores del país ya está exento de contribuciones bajo las reglas actuales.

Lo que esta reforma agrega es un beneficio adicional para el 25 por ciento restante, es decir, para los adultos mayores de mayores ingresos, que se concentran principalmente en las comunas del sector oriente de la capital, como Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea. Según estimaciones basadas en información pública, a Ñuñoa le correspondería un monto aproximado de $2.500 millones de pesos anuales por este concepto. Es una cifra que cambia la conversación: ya no se trata de discutir un principio abstracto, sino de decidir qué hacer con una cantidad de recursos específica que va a llegar a la comuna.

Y aquí está lo que no compartimos de la propuesta del gobierno de Kast y del ministro Quiroz. No se trata solo de que el beneficio se concentre en un 25% de mayores ingresos, lo que ya nos parece regresivo. Se trata también de cómo se financia el hueco que eso deja en los municipios: con impuestos generales, es decir, con la plata de todos quienes pagamos impuestos en Chile. Esos recursos, que debieran orientarse prioritariamente a quienes tienen menos, terminarán compensando de forma desproporcionada a las comunas del sector oriente, que son las que recibirán la mayor parte de esta compensación y las que menos lo necesitan.

Las Condes, Lo Barnechea o Vitacura recibirán varias veces lo que recibirá Ñuñoa, financiado en buena parte por impuestos que paga gente que probablemente nunca pisará esas comunas. La lógica sigue siendo regresiva a nivel país. Pero eso no cambia lo que sí depende de nosotros: qué hace la propia comuna con la parte que le toca.

Por eso, en mi calidad de presidente de la Comisión de Presupuesto del Concejo, envié el oficio ya mencionado al alcalde Sichel. Ahora la pelota está en su cancha, lo que hacemos desde el Concejo es proponer, fundamentar y, llegado el momento, aprobar la modificación presupuestaria que haga posible ese destino, algo que además es perfectamente factible en términos administrativos, dentro de las funciones de asistencia social que la ley orgánica de municipalidades ya contempla. La columna de mayo hablaba de temporalidad y progresividad como principios de diseño; ahora toca aplicarlos a un monto real, en una comuna real, con un territorio real donde esa necesidad se concentra de manera desigual.

El sector sur de Ñuñoa tiene una proporción de hogares vulnerables considerablemente mayor que el resto de la comuna, y es ahí donde este subsidio tendría el impacto más directo. Nada de esto ocurre de manera automática. La ley todavía no termina su trámite en el Senado, y aunque se apruebe, los recursos ingresarán al presupuesto municipal como cualquier otro ingreso general: dependerá del alcalde decidir su destino, y del Concejo aprobar la modificación presupuestaria correspondiente. Esa es, precisamente, la instancia donde pienso sostener esta propuesta hasta que se resuelva. La diferencia entre una comuna que administra estos recursos con criterio distributivo y una que los deja perderse en el presupuesto general no la define el Congreso.

La define, en buena parte, lo que decidamos hacer en Ñuñoa.

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