La tragedia de Avellaneda: Una terrible página más a una barbárica bitácora

Foto del avatarContrapoder ChilePortada, OpiniónHace 1 años1.1K Vistas

Por Carlos Barraza, escritor e historiador de fútbol

“Ah, sí acá eso no pasa”, “es propio de ellos” y así, un largo etcétera de expresiones autocomplacientes al criticar la violencia exhibida en los estadios por parte de otros equipos, obviando, convenientemente, los yerros de los seguidores del propio club, y sin embargo lo desplegado ayer en Avellaneda representa un pináculo, casi inédito, en un estadio sudamericano y que, lamentablemente, nos involucra directamente al ser uno de los clubes más importantes del fútbol chileno, uno de los principales involucrados y, por qué no decirlo, afectados.

El partido en lo estrictamente futbolístico era de “dientes apretados”. Universidad de Chile había logrado abrir el marcador con un gol de Lucas Assadi (previa revisión del VAR) y los azules parecían encaminar la clasificación, pero minutos más tarde, el “Rey de Copas” logró igualar mediante Montiel y colocar una cuota de incertidumbre, sin embargo, en lo que respecta a lo deportivo, era un partido de gran verticalidad y muy reñido, un calco de lo que cualquier espectador aguardaría de un partido de definición entre dos escuadras de gran tradición.

Pero desde los 20 minutos de la primera fracción, se advirtieron los primeros enfrentamientos entre hinchas de Universidad de Chile e Independiente de Avellaneda, que incluían lanzamientos de objetos contundentes e improvisados proyectiles, postal que, desgraciadamente, no es nada impropia de partidos incluso correspondientes al campeonato local.

La situación fue degenerando en una batahola mucho más grave y el inicio de la segunda fracción tuvo dos grandes sorpresas, una fue el ingreso del portero Toselli en lugar de Castellón y otra, realmente lamentable, a nuestros ojos y de muchos otros espectadores de todo el mundo, las postales que exhibían un total desprecio por la integridad del ser humano en advertibles enfrentamientos, pero también auténticas masacres, que si las cámaras no captaban, llegaban a través de nerviosos audios de WhatsApp y vertiginosas publicaciones en redes sociales, en las cuales incluso figuraban de supuestos fallecidos, lo que luego fue desmentido.

Dos imágenes terminaron convirtiéndose en oscuros mantras de los cuales tenemos que sacar lecciones de aquí en más: la primera mostraba a hinchas de Independiente arrinconando en la bandeja del estadio a seguidores de Universidad de Chile, con una grotesca y despiadada similitud a la escena de la película “300”, con los espartanos arrinconando y empujando hacia el acantilado a las tropas persas. Uno de ellos, nítidamente, se puede observar cómo cayó al vacío desde una espeluznante altura, hecho que, al momento de redactar esta columna, lo mantenía en estado crítico y riesgo vital, mientras que la otra postal daba cuenta de cómo un hincha de Independiente de Avellaneda arremetía portando un garrote (o fierro) a un hincha, golpeándolo en repetidas ocasiones en el cuerpo y cabeza, dejándolo inconsciente.

No es menester de la presente columna demonizar ni beatificar a nadie, sino que invitar a la reflexión sobre una oleada de violencia creciente que hoy tuvo en el fútbol su escenario más expresivo. Más allá de las sanciones para ambos equipos, es importante detenernos a observar nuestra sociedad y dejar de “romantizar” conductas que suelen formar parte del mal llamado “folclore” y que muchas veces pasamos por alto. Los famosos “aprietes” de las barras o el ir a hostigar a equipos rivales en sus respectivos hoteles constituyen elementos que, a medida que se normalizan y vuelven un hábito el hostigamiento y la construcción de un auténtico clima de guerra.

Las declaraciones de Julio Vaccari apuntando a “ganar como sea” terminando constituyéndose como un anecdótico pero oscuro prólogo de esta historia, pero también nos muestra el lado más cotidiano de una sociedad que cada vez trivializa más la empatía en pos de una mal llamada competitividad.

¿Qué podemos hacer frente a esto? La discusión ya está sobre la mesa, pero el mal ya está desatado, el triste espectáculo de anoche es tan sólo la evidencia de una creciente decadencia moral sumado al poder desatado de barras que han reclamado el trono de ser los únicos y casi mesiánicos seguidores de un club de fútbol. Aún nos horrorizan episodios como el ocurrido con Colo-Colo hace unos meses atrás o la famosa Tragedia de Heysel, pero a la luz de la historia, tal parece, que nos hemos tristemente acostumbrado a la violencia y estos episodios como tan sólo un capítulo más de un decadente y violento bucle de nunca acabar.

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