“Que los zurdos me la mamen”: El nivel político (y moral) del diputado Cristián Labbé

Foto del avatarMiguel YañezPortada, OpiniónHace 9 meses2.2K Vistas

Por Miguel Ángel Yáñez, abogado de DD.HH y cofundador de Contrapoder Chile

En un año donde la política chilena -de por sí convulsionada- ha rozado ya múltiples umbrales de decadencia discursiva, las últimas declaraciones del diputado Cristián Labbé han marcado un nuevo mínimo: una vulgaridad que no es accidente, sino síntoma.

Labbé, legislador del Partido Nacional Libertario y exjefe de campaña del frustrado candidato presidencial Johannes Kaiser, participó hace pocos días en un programa navideño del canal La Cofradía, vinculada a circuitos de extrema derecha. Allí, entre bromas que rozaron (y superaron) el mal gusto, espetó: “puta que es fácil ser feliz, puta que es barato ser feliz…, y, ¿sabís qué?, que los zurdos me la mamen”. La frase desató risas cómplices de los asistentes.

Desde el punto de vista estrictamente político, esta falta de decoro no es irrelevante: un diputado de un país democrático debería ser titular de palabras y argumentos, no de epítetos que reviven la misoginia y la provocación burda como sustitutos del debate de ideas. Que Labbé recurra a la descalificación grotesca no es “gracia”, sino una expresión clara de la degradación de la esfera política contemporánea, donde la construcción de consensos o la confrontación de proyectos sociales es suplantada por la épica del insulto y la ofensa. 

Esta vulgaridad insulta tanto a sus adversarios como a la institucionalidad misma. Un representante popular cuya respuesta a la diversidad sociopolítica es un improperio trivializa el rol de la política como herramienta de transformación social y la reduce a espectáculo de provocación. No sorprende: Labbé se ubica en sectores donde el autoritarismo cultural y la nostalgia por formas de dominación del pasado -incluido el pinochetismo y su herencia simbólica- funcionan como pegamento identitario frente a cualquier adversario que cuestione el statu quo del capital y el orden establecido.

Pero esta frase no es un mero exabrupto de salón de podcast: es un sintagma de clase. Detrás de la violencia verbal hay una práctica política que desprecia a amplios sectores de la clase trabajadora y sus expresiones organizadas -los “zurdos”, entendidos aquí simbólicamente como quienes impulsan reformas estructurales, derechos sociales y reparto equitativo del poder-, señalándolos como objetos de burla antes que interlocutores legítimos. Ese desprecio no nace de la nada: se alimenta de la reacción ante las demandas populares por redistribución, justicia social y soberanía democrática. Es la voz grotesca de una clase que no tiene respuestas para las demandas de la mayoría y responde con insultos.

Además, el episodio muestra cómo estos sectores prefieren la teatralización de la política -gestos provocativos, insultos fiscales y provocaciones teatrales- antes que la construcción de propuestas reales. Más preocupante aún: la risa y aceptación de sus pares ante estas expresiones pone de manifiesto un clima político en el que la cultivación de lo ofensivo se normaliza como estrategia de comunicación, y se convierte en vehículo para consolidar identidades reactivas en lugar de proyectos emancipadores.

En este contexto, es indispensable que quienes creemos en la dignidad, en el debate racional y en la construcción colectiva de una sociedad más justa respondamos con seriedad y firmeza. No se trata solo de señalar la grosería, sino de desmontar la lógica que la hace posible: una lógica que privilegia los intereses del capital descalifica las aspiraciones populares y exalta la provocación como sustituto de la política. Frente a ello, la tarea de la izquierda -de verdad, no cosmética ni conciliadora- es reafirmar la centralidad del pueblo, del trabajo y de la solidaridad como pilares de un proyecto que transforme radicalmente las estructuras de poder.

Mirar hacia otro lado -como si fuera un vulgar chiste televisivo- sería legitimar la degradación del debate público. Labbé no solo insultó: expuso sin filtros el desprecio que sectores reaccionarios sienten por cualquier intento de cuestionar el orden dominante. Esa es la verdadera noticia.

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