
Por Lily Zúñiga, periodista, escritora y exjefa de prensa de la UDI
Desde el último debate presidencial organizado por Archi este pasado 3 de diciembre, una nueva duda se agregó al importante listado de interrogantes que se han sumado a las propuestas y el currículum del candidato presidencial de Republicanos, José Antonio Kast y que en esta oportunidad agregó algo así como un mantra que reiteró durante las más de 2 horas de debate: “Depende”, “depende”, “depende” respondía ante preguntas sobre temas tan sensibles como la expulsión de emigrantes, financiamiento de propuestas económicas, continuidad de la ley de 40 horas y posibles indultos a violadores de lesa humanidad, dejando en evidencia la falta de manejo del candidato y la profunda fragilidad de su programa.
Kast se ha defendido de las variadas críticas que generó este episodio, argumentando que “no todo es blanco o negro” y que las decisiones de gobierno requieren matices, y “dependen” del contexto específico. Respuesta que abre interrogantes sobre la real capacidad de gestión que podría tener, o no, el presidenciable de la derecha.
Al revisar su historial como parlamentario, periodo que se extendió por 16 años -en su mayoría representando a la UDI-, vemos en general que su gestión se caracterizó por marcar su postura ideológica, fiscalizar al gobierno de turno, pero no por liderar la aprobación de grandes leyes transformadoras.
Su productividad como diputado se concentró en la presentación de 255 proyectos de ley, de los que solo 19, en su mayoría modificaciones menores o mociones que se sumaron a otros proyectos, fueron aprobados. A esto se suma su polémica asistencia, especialmente hacia el final de su período, cuando se enfocó en su campaña presidencial.
En el año 2017 lideró el ranking de inasistencias injustificadas en la Cámara de Diputados con un 52,7%, de asistencia y en su último año, el 2018, su asistencia alcanzó sólo a un 41% abriendo críticas por sus extensas ausencias y su dieta parlamentaria.
En definitiva, un pasado parlamentario que carece de sustancia, compromiso y gestión. Donde el ejercicio de servidor público se ve diluido en su propia agenda política/conservadora, algo que preocupantemente, seguimos viendo en su nuevo rol como candidato presidencial, donde la ausencia de desarrollo de sus propuestas, han generado temor en la ciudadanía por la similitud de estilos que observa, con atención y preocupación, con lo sucedido en Argentina, donde frases grandilocuentes y sin sustento, llevaron a Javier Milei a la Casa Rosada, quien rápidamente implementó un plan de ajuste fiscal que implicó un significativo recorte del gasto público y que hoy está afectando a múltiples sectores y grupos sociales de ese país.
Es por esto que la falta de respuestas en relación a temáticas tan sensibles y vitales como su anuncio de reducción de 6 mil millones de dólares de las arcas fiscales, se hace absolutamente necesaria, más aún cuando su cabeza económica, el ingeniero comercial Jorge Quiroz, ideólogo de esta propuesta, está sindicado como “el creador” del modelo económico utilizado por las avícolas (Caso Colusión de pollos) para subir sus precios. Que declaró a favor de las farmacias como “experto”, negando toda posibilidad de colusión, (Caso Colusión Farmacias) denuncia que posteriormente fue confirmada; y defendió a las grandes empresas en la polémica tramitación de la Ley de Pesca.
Un claro historial laboral, que lo posicionan siempre en defensa de los más poderosos y en desmedro de los más necesitados, perfil que podría explicar el porqué del mantra de José Antonio Kast, quien quizás nos quería decir que “depende” de la oferta del mundo privado, para saber si es viable o no su propuesta programática.