Primero fue Irak, Libia y ahora ¿Venezuela? Estados Unidos prepara otra guerra “preventiva”

Foto del avatarMiguel YañezOpinión, PortadaHace 10 meses1.6K Vistas

Por Miguel Ángel Yáñez Lagos, abogado de DD.HH y cofundador de Contrapoder Chile

Estados Unidos vuelve a mirar hacia el sur con el mismo libreto de siempre: fabricar un enemigo, inflar una amenaza inexistente y justificar una intervención militar que le permita apropiarse de recursos naturales ajenos. Esta vez, el objetivo es Venezuela. Y el pretexto -tan burdo como peligroso- es acusar a Nicolás Maduro de liderar un supuesto “cartel de narcotraficantes”, llamado Los Soles.

Una etiqueta tan conveniente como falsa, útil para preparar al mundo para una operación militar que algunos en Washington ya anuncian con una impunidad escalofriante.

¿No hemos visto esto antes? Irak, Libia, Siria. Armas de destrucción masiva que nunca existieron. Falsos vínculos con el terrorismo. Montajes y “inteligencia” manipulada para justificar invasiones que dejaron países destruidos, millones de muertos y recursos estratégicos bajo control estadounidense.
El imperialismo se sostiene en la guerra, y la guerra se sostiene en la mentira.

¿Quién autorizó a Estados Unidos a decidir dónde hay democracia?

La pregunta es simple: ¿quién le dio a Trump, a su gobierno o a cualquier administración estadounidense el rol de sheriff del continente? ¿En qué momento decidieron que podían determinar qué Estado es democrático, qué gobierno es legítimo y qué país merece ser bombardeado?

La democracia nunca ha sido la vara de Washington. Si así fuera, no habrían financiado golpes de Estado en Chile, en Guatemala, en Honduras, en Brasil, ni habrían sostenido dictaduras criminales como la de Pinochet o los Somoza. Su interés nunca fue defender libertades; siempre fueron el cobre, el petróleo, el litio, el control territorial y geopolítico.

Hoy el botín es Venezuela: la mayor reserva probada de petróleo del planeta, depósitos minerales estratégicos, control del Caribe y un gobierno que no se alinea con los intereses del capital norteamericano. Ese es el verdadero delito a los ojos del imperio.

La narrativa del narco-Estado: un libreto escrito desde la CIA

Acusar a Venezuela de ser un narco-Estado no resiste evidencia seria. Estados Unidos jamás ha demostrado pruebas consistentes. Lo que sí ha demostrado es su costumbre de inventar enemigos para intervenir militarmente.

Curioso que las rutas del narcotráfico más relevantes no pasen por Venezuela, sino por países que son aliados militares de Estados Unidos. Curioso que mientras acusan a otros, la DEA ha sido denunciada -repetidamente- por encubrir operaciones de tráfico y pactar con carteles cuando conviene a sus intereses geopolíticos.

Pero la narrativa funciona: repites una mentira suficientes veces, la publicas en medios complacientes, la inflas con informes “confidenciales” y terminas justificando una invasión.

La fuerza militar venezolana no es Irak

Lo que Washington intenta ocultar es que en Venezuela no hay un ejército improvisado. Hay una fuerza armada con formación, con cohesión ideológica y con una identidad profundamente ligada al proyecto bolivariano. Es un ejército con valores, principios y conciencia de la historia.

La Doctrina Bolívar-Martí no es retórica: es una línea estratégica real, antiimperialista, disciplinada y con apoyo popular.

Una intervención militar no sería un paseo. Y Trump -si vuelve a la Casa Blanca y actúa con la temeridad que lo caracteriza- puede encontrarse con un escenario mucho más costoso que el que imagina su retórica belicista.

Crímenes en silencio: las lanchas “narco” que Estados Unidos destruye sin juicio ni pruebas

Hay otro elemento grave, silenciado por los medios internacionales: la destrucción sistemática de lanchas provenientes del Caribe y Venezuela por parte de fuerzas estadounidenses.

Las llaman “narcolanchas”.
Pero no hay proceso.
No hay evidencia.
No hay identificación de tripulantes.
No hay derecho internacional aplicado.
Y en muchos casos, hablamos de pescadores que jamás regresan a sus hogares.
Son ejecuciones sumarias en el mar, legitimadas por un discurso racista y colonial: “eran sospechosos, así que está bien matarlos”.

¿Dónde están los organismos internacionales? ¿Dónde está la ONU condenando estas violaciones flagrantes al derecho internacional? El silencio cómplice es ensordecedor.

La comunidad internacional debe actuar antes de que sea tarde

Estamos frente a un escenario extremadamente peligroso. Estados Unidos busca instalar un consenso -especialmente en Europa y en ciertos gobiernos serviles de la región- que permita una intervención sin resistencia diplomática.

Por eso, el llamado es urgente: La comunidad internacional debe rechazar categóricamente cualquier intento de intervención militar en Venezuela. Debe exigir diálogo, respeto a la soberanía, presencia de organismos multilaterales y canales diplomáticos reales.

No podemos permitir que, una vez más, una potencia incendie un país para luego instalar bases militares, empresas extractivas y gobiernos títeres.

Hasta cuándo miramos hacia otro lado

No podemos seguir normalizando el uso de la fuerza sin pruebas, la invención de guerras y la manipulación informativa como método de política exterior.

Latinoamérica ya vivió demasiado bajo las botas del intervencionismo. Chile lo sabe. El continente entero lo sabe.

Hoy es Venezuela. Mañana puede ser Bolivia, Cuba, Nicaragua o cualquier país que decida tener un proyecto soberano.

La defensa de Venezuela es la defensa de toda la región

Porque lo que está en juego no es un gobierno: es la autodeterminación de los pueblos, la soberanía territorial y el fin del abuso imperial que lleva más de cien años saqueando a América Latina.

Mientras algunos celebran la idea de una intervención, los pueblos del sur sabemos lo que eso significa: muerte, migración forzada, destrucción, desplazamiento, hambre y décadas de servidumbre política.

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