Johannes Kaiser y el desprecio a las mujeres chilenas

Foto del avatarContrapoder ChilePortada, OpiniónHace 1 años1.7K Vistas

Por Valeria Cárcamo, analista política y representante del Comité Central Nacional del Frente Amplio

Hace unos días, Johannes Kaiser, diputado y actual carta presidencial del Partido Libertario, lanzó su campaña con un discurso que no solo estuvo marcado por el ataque a figuras como Jeannette Jara y Michelle Bachelet, sino que reafirmó una trayectoria pública de desprecio hacia las mujeres, la igualdad y los derechos humanos más básicos.

Para comprender la gravedad de sus palabras, es necesario recordar algunos conceptos fundamentales: la misoginia es el odio hacia las mujeres que se expresa en actos violentos, denigratorios o crueles por el hecho de ser mujeres; el machismo, una forma de discriminación sexista que refuerza la idea de superioridad del hombre; el clasismo, la defensa de las diferencias de clase como justificativo de desigualdad; y la discriminación, la negación de derechos en condiciones de igualdad por razones injustificadas.

Kaiser, hombre de 49 años, con acceso privilegiado a la educación (ha cursado siete carreras), ha sido protagonista de múltiples frases alarmantes: desde decir que “un hombre que viola a una mujer fea merece una medalla” -expresión abiertamente misógina-, hasta cuestionar si las mujeres deberían votar -claro ejemplo de machismo-, o declarar abiertamente que “le gusta la desigualdad”, confirmando su adhesión al clasismo sin pudor alguno.

Durante su reciente lanzamiento presidencial, dijo entre risas que Jeannette Jara “es Bachelet con esteroides”. No se trata solo de una frase burlesca, sino de una descalificación basada en el físico y el género de dos mujeres que han tenido roles protagónicos en la política chilena: una, expresidenta de la República; la otra, exministra de Trabajo y candidata presidencial, ¿Cuál es el mensaje? Que una mujer que ejerce liderazgo debe ser reducida a su cuerpo, y que ese cuerpo es motivo de burla.

No es casual, es ideológico. Kaiser construye su discurso desde la provocación, pero lo que promueve es un proyecto político profundamente reaccionario, que se siente cómodo negando derechos, humillando a las mujeres y haciendo de la desigualdad una bandera. Que haya risas, aplausos y simpatizantes para este tipo de discurso es alarmante. No porque sea nuevo, sino porque vuelve a tomar fuerza en un país donde las mujeres han luchado por décadas para hacerse escuchar, votar, liderar y vivir sin miedo.

Este no es solo un problema de estilo. Es un síntoma de retroceso civilizatorio. Y frente a eso, no podemos guardar silencio.

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